Y así medio se miran
Él medio le implora y ella medio lo entiende
Después él le da un papel
Que tiene alguna verdad
Que a ella le parece medio ridícula
Y medio se ven
Y ella le hace escuchar una canción
Que la define
Y a él le parece medio vacía
Y medio se aceptan o medio se despiden
Pero son dos ceremonias solitarias
Sunday, July 26, 2009
Saturday, March 28, 2009
Vuelo sobre las casas, sobre las tejas mojadas que, de luz bebidas, rinden su humilde homenaje a la infinita tristeza de una lluvia que ha caído (con justicia) sobre los techos y los corazones de los que han pasado la tarde en la cocina o el desván. Vuelo entre la claridad que derrama el hueco en las nubes, hiriendo la gravedad gris del día. Vuelo. Despacio; porque es un riesgo perderse la leve melodía que, en el aire, susurra:
La esperanza también es un tesoro, m’hijo.
La esperanza también es un tesoro, m’hijo.
Wednesday, March 18, 2009
Monday, March 16, 2009
Quiero que los días pasen. Uno tras otro, uno sobre otro. Quiero que se apilen uno a uno sobre mí, hasta que esté tan por debajo que la vaga noción de que este día fue un día termine por difuminarse. Porque hoy se cierra una puerta. Hoy se cierra.
No puedo decir adiós eternamente, y ¡vaya que lo he hecho a conciencia! Pero ciertas cosas tocan su punto crítico mucho antes que lo notemos. ¡Hay tantas despedidas tardías!
Yo te he querido, sinceramente te he querido. Por eso te digo adiós. Mi adiós, que no es tuyo. Te digo y me digo adiós. A este juego que me he inventado y que sólo te tiene como excusa. Al juego de un adiós, que no es y quise que fuera.
No puedo decir adiós eternamente, y ¡vaya que lo he hecho a conciencia! Pero ciertas cosas tocan su punto crítico mucho antes que lo notemos. ¡Hay tantas despedidas tardías!
Yo te he querido, sinceramente te he querido. Por eso te digo adiós. Mi adiós, que no es tuyo. Te digo y me digo adiós. A este juego que me he inventado y que sólo te tiene como excusa. Al juego de un adiós, que no es y quise que fuera.
Wednesday, January 21, 2009
Una Carta de Amor
Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo,
como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,
todo eso es tan poco,
yo lo quiero de vos porque te quiero.
Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,
y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.
Julio Cortázar
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo,
como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,
todo eso es tan poco,
yo lo quiero de vos porque te quiero.
Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,
y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.
Julio Cortázar
Thursday, January 08, 2009
El hombre que creía que había ganado
El sudor chorreaba de su frente y abría grandes zurcos sobre el polvo que se había pegoteado a sus sienes. Su respiración era un pulso acelerado que le hinchaba los pómulos. Cada bocanada laceraba su garganta. Las piernas descansaban todo su peso -echado hacia adelante- sobre sus rodillas -trabadas hacia atrás-. El cielo estaba despejado. Sonreía.
Al mirar atrás y encontrar en sus huellas un rastro tenue y solitario cerró los ojos. Apretó los puños e irguió todo su cuerpo, estirando los brazos, amasando el aire en su boca. Había ganado.
Oyó la puerta cerrándose y recíen pudo notar el Volvo negro estacionado al borde del camino. Un hombre alto y delgado, de impecable traje gris claro se le acercó.
Vea, usted no ha ganado -dijo- de hecho ni siquiera está entre los diez primeros.
El corredor le sostuvo un momento la mirada, pero el verde irremediable de los ojos del hombre lo hicieron desistir. Bajó la vista hacia sus zapatillas desgastadas y luego la dirigió hacia el camino. A lo lejos la polvareda indicaba que alguien se acercaba a la meta.
Los músculos cansados de sus piernas se tensaron y lentamente emprendió el regreso. El hombre de gris acompañó sus pasos con una sonrisa torcida. El corredor ensayaba su mejor gesto. Hay que ser un buen perdedor -pensó- y eso todo el mundo lo sabe.
Al mirar atrás y encontrar en sus huellas un rastro tenue y solitario cerró los ojos. Apretó los puños e irguió todo su cuerpo, estirando los brazos, amasando el aire en su boca. Había ganado.
Oyó la puerta cerrándose y recíen pudo notar el Volvo negro estacionado al borde del camino. Un hombre alto y delgado, de impecable traje gris claro se le acercó.
Vea, usted no ha ganado -dijo- de hecho ni siquiera está entre los diez primeros.
El corredor le sostuvo un momento la mirada, pero el verde irremediable de los ojos del hombre lo hicieron desistir. Bajó la vista hacia sus zapatillas desgastadas y luego la dirigió hacia el camino. A lo lejos la polvareda indicaba que alguien se acercaba a la meta.
Los músculos cansados de sus piernas se tensaron y lentamente emprendió el regreso. El hombre de gris acompañó sus pasos con una sonrisa torcida. El corredor ensayaba su mejor gesto. Hay que ser un buen perdedor -pensó- y eso todo el mundo lo sabe.
Thursday, November 06, 2008
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